154 Pasos, 11 Metros

El pulso se acelera, colocarla con mimo, e incluso los mas supersticiosos hasta acercan el cuero a sus labios para hacerlos chocar y emular un beso, tratando de dar cariño a aquello que te separa entre el éxito y el fracaso. Y si al ejecutarlo, tu objetivo acaba en contacto con la gloria, habrá alcanzado su meta. 11 metros, 154 pasos, distancian a tu mejor amigo en ese momento de su destino, o quizá menos, o puede que más, lo importante es centrarte en él, conseguir que aquello que deseas acabe tal y cómo tú lo pretendes. Cerrar los ojos, mientras te aíslas del insulto, la provocación, y hasta el deseo de cientos o miles de rivales de que tu fracaso se convierta en su fuente de felicidad, y en tristeza para aquellos que te acompañan en el trayecto. Sentir que bajo tu responsabilidad, aquellos que juegan en tu equipo, dependen de tu decisión, de tu criterio, de tu calidad, y sobre todo de tu convicción por lograr el objetivo. ¿Presión o privilegio? Yo creo en ambas cosas. Es un absoluto privilegio, eres tu contra tus miedos, son los demás en tus manos. Por un momento se detiene el tiempo, en ese instante, tienes las mismas opciones de convertirte en héroe o en villano. Y acabarás siendo ambos, porque si el plan sale bien, serás el paladín de los tuyos y el bellaco de quiénes no rugen en tu dirección, y si el plan sale mal, obvio acabas siendo vil para quienes portan con orgullo el mismo escudo, y defienden con dignidad la misma empresa, pero al instante, te convertirás en adalid de tus enemigos. ¿Se trata sólo de un penalti o es la historia de nuestra vida?


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